Confieso que "tomar decisiones", no fue una de mis  fortalezas... He necesitado tiempo y dedicación para aprender a tomar deciones. Recuerdo situaciones en las que prefería que fueran los demás los que decidieran y eligieran  una opción determinada. Que malos ratos he pasado, con aquella forma de manejar algunas situaciones, siguiendo determinadas creencias como que hay una "elección perfecta" "una decisión correcta" "un camino que hay que tomar". Cuantas veces he dudado sobre cómo actuar, qué decidir, qué camino seguir, hasta darme cuenta, que a todas las personas nos cuestan determinadas cosas, especialmente aquellas que por temor no hemos afrontado, y que al no enfrentarnos a ellas,  vamos dejando que nos controlen cada vez más.

 

Cómo cuesta elegir  cuando eso supone dejar opciones que nos agradan, no es fácil decir no a aquello que nos apetece, para decir sí a aquello que consideramos es obligado. Entramos de de lleno en  un dialogo interno con los "tendría" "debería" que tanto nos desgastan y nos resultan tan improductivos.

Cómo nos resistimos a tomar un camino, cuando nos debatimos entre si tomar este o aquel otro. Tratamos por todos los medios, de no equivocarnos, dejándonos inundar por el temor a fracasar. Cuantas veces ante una situación o decisión, querermos  "agradar a todos" para que nadie se sintiera mal, en la creencia de ser capaz de lograr algo tan poco real.  Tuve una gran maestra, Sara mi madre nos decía, ante cualquier situación de la vida: " No hay que apurarse por nada”. Y siguiendo su mensaje y su ejemplo, he ido dando a las cosas esa importancia relativa, que me da serenidad. He ido recorriendo ese camino de la aceptación, sabiendo que hay situaciones, personas y  momentos que no sé cómo gestionar, que me superan. Reconocer que necesito seguir creciendo, aceptar mis límites, sin dejar de aprender de cada  experiencia. Darme cuenta que son las vivencias las que nos van indicando qué necesitamos. Ser consciente, de  qué tengo que  desarrollar en mi, sin exigir que sean las demás personas , o las situaciones, las que tendrían que ser distintas.

Tomar decisiones asumir responsabilidad, tomar compromisos, todo ello como parte natural de la vida. Aceptar mis equivocaciones y tomar mis errores como oportunidades para mejorar. Voy aprendiendo, que en cualquier situación, querer agradar a todas las personas,  es misión imposible, al final lo que consigo es  no agradarme ni a mí misma, sino defraudarme por dejar de cuidarme, por no atender mis necesidades, que esas si son mi reponsabilidad, como  personas adulta.

Desaprender aquello que ya no me sirve, soltar la carga de los "debería" para situarme en actitudes más saludables como  “quiero” “decido”  “elijo”. Me escucho a mí misma y me doy cuenta, que si se trata de "agradar", si consigo agradarme a mí misma, me libero de querer agradar a los demás. Aceptar que nos corresponde a cada persona vivir y crecer con cada experiencia. Son grandes los aprendizajes que  nos brinda la vida!! Todo está en querer tomarlos, y confieso que a mi  me encanta este reto  de seguir aprendiendo cada día.

PARA TOD@S FELICES APRENDIZAJES DE VIDA!!

Sara Cobos                                             

Coach Profesional de Familia y Educativo.

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