¿Qué hace que una relación de pareja, tenga éxito y se mantenga en el tiempo?

Iniciar una relación de pareja,  es crear un sistema que nace de nuevas, y que ha de construirse por parte de los dos miembros de la pareja, estando plenamente presentes , conscientes, para que ese sistema que crean, nazca en el ahora,  más allá de sus propios sistemas de origen (familia) con todas sus reglas y creencias. En este acto de creación de un nuevo sistema, en función de  la mayor o menor madurez, de la habilidad para comprometerse y construir ese nuevo sistema, sin pretender, ni querer replicar el propio sistema familiar de origen, del que cada miembro de la pareja  procede, y del que  forma parte, hasta ese preciso momento, donde deciden, que quieren crear su propia relación, y construir su propio sistema.

Existe la creencia, que la clave  para que una relación de pareja funcione, sea satisfactoria, y se mantenga en el tiempo, las dos partes de la pareja, han de darlo todo, de forma desmedida, y sin esperar nada a cambio. ¿Y tú qué crees?...

 En la práctica, está demostrado, que entregar de forma incondicional, sin tener en cuenta qué damos ni qué recibimos a cambio, no aporta satisfacción, ni continuidad a la relación de pareja. Tampoco se ha demostrado, que  sea una muestra de amor puro, ni siquiera que se  valore como altruismo bien entendido. Esa  forma de darlo todo en una relación de pareja, no aporta ese equilibrio, para que  una relación de pareja  sea satisfactoria y se mantenga en el tiempo.

 ¿Qué aporta  equilibrio a las relaciones? ¿Cómo dar y recibir para fortalecer una relación?

Nos ayudará saber, que cuando iniciamos una relación de pareja, creamos un sistema, y todo sistema, requiere tener muy presente  determinadas  reglas o leyes, y este  conocimiento y cumplimiento, dará esa estabilidad y ese  equilibrio necesario, para darle  continuidad a la  relación de pareja. 

La ley del Equilibrio entre  dar y tomar.

 La primera distinción que haremos, para lograr ese equilibrio necesario en nuestras relaciones, es tener en cuenta, la diferencia  entre una  relación condicional (relación de pareja) y  una relación incondicional ( padres e hijos). La relación de pareja  es una “relación condicional”  donde  el intercambio de amor, afecto, comprensión, seguridad reconocimiento, y todo los que compartimos en pareja, es un intercambio que tiene en cuenta las necesidades y carencias, de cada uno de los miembros de la pareja, no es dar y recibir sin más.  Se trata de un intercambio cualitativo, no cuantitativo, en el que los dos dan y los dos reciben, en función de sus necesidades y de sus carencias. Con esta forma de entender nuestra relación, establecemos una conexión realista, que  dará mayor estabilidad y continuidad a nuestra relación. De la misma forma, en la medida en que ese intercambio no esté en equilibrio, representará una amenaza para  la pareja, creando en el tiempo un desequilibrio, hará que la relación  se debilite, y pueda llegar incluso a romperse la relación.

Es por ello muy recomendable, que la pareja preste especial atención ese equilibrio entre el dar y tomar. Tenerlo muy presente, para ante los primeros indicios de desequilibrio, mantener una conversación, que nos ayude a tomar conciencia de en qué situación se encuentra nuestra relación. En ese análisis que la pareja comparte, actualiza y revisa sus experiencias, su nivel de satisfacción y su equilibrio  entre el dar y tomar en su relación. Ser conscientes de  cómo se encuentran cada uno,  de su nivel de satisfacción, y de sus respectivas necesidades, es como una puesta a punto vital en la relación.

¿Cómo podemos llevarlo a la práctica?

A través de las  preguntas,  que nos lleven a  esa  toma de conciencia, además de darnos pie, para compartir nuestras reflexiones con nuestra pareja. El diálogo como paso previo, para hacer los cambios que consideremos, van a  dar estabilidad, equilibrio y continuidad a nuestra pareja. Expresar con sinceridad, darnos ese tiempo de reflexión en común, que puede  parecer muy racional, incluso poco emocional, esta forma de tratar nuestras relaciones, si bien en la práctica,  en nuestra realidad diaria, el amor más fuerte puede sucumbir, ante  ese  cúmulo de  frustraciones no resueltas. Con el paso del tiempo, cuando las  necesidades o carencias, no están siendo atendidas, y nuestras expectativas se  frustran,  las relaciones se debilitan, y pasado el tiempo se deterioran. Una relación se fortalece cuando la mente y el corazón son escuchados  y están  en buena sintonía.

¿Siento que mi relación está en equilibrio? ¿Estoy satisfecha entre lo que doy y lo que recibo?   ¿Qué necesidades siento que no están siendo satisfechas?  ¿Qué cambios  necesito  para mejorar mi relación?

Detectar, qué cambios podemos hacer  para cubrir nuestras respectivas  necesidades, qué nuevas formas de comunicarnos y relacionarnos, pueden ayudarnos, para satisfacer nuestras actuales carencias y cubrir nuestras expectativas como pareja. Juntos crear un plan de acción,  para poner en marcha esos cambios, que nos den un nuevo impulso, que restablezca el equilibrio necesario, a nuestra relación de pareja. 

Tener en cuenta, la siguiente distinción, que no todas las relaciones en la familia,  se rigen por las mismas leyes:

Daremos  distinto enfoque  a la relación padre, madre  hijo, hija, donde tendremos en cuenta que el intercambio se da como  “relación incondicional”, en las que los padres dan y los hijos toman, de tal forma que los hijos tomarán y  aportarán lo que han tomado de sus padres, a sus propios hijos, o en forma de aportaciones a la sociedad, si no llegan a tener hijos. Respetar este equilibrio, es vital. En la práctica, cuando los padres exigen o reclaman a los hijos, que les compensen por lo que les han dado, o reclaman que satisfagan sus carencias o necesidades, colocan a los hijos en una posición de desequilibrio en su relación,  que supone una pesada carga  para los hijos, que para nada beneficia las relaciones,  y que crea conflictos  difíciles de gestionar,  tanto para los padres, como para   los hijos.

Otro de los motivos de desequilibrio, se da cuando los hijos, quieren devolver a los padres, en compensación por lo que han recibido de ellos. Situación que desencadena un desajuste en el sistema, el cual se debilita. Si observamos las distintas relaciones y los  distintos conflictos, que se dan en las relaciones de familia, nos daremos cuenta,  que mejoran las relaciones y se equilibra el sistema,  cuando  cada uno de sus miembros de la relación, ocupa su posición, retoma su  rol y ocupa  su lugar en esa relación, en ese sistema.

¿Cómo sientes que está ordenado tu sistema? ¿Qué cambios consideras que darán equilibrio, a tus relaciones con tu pareja,  con tus hijos?

De lo anterior, podemos deducir, que los distintos conflictos  y desajustes en nuestras relaciones, pueden tener su origen en ese desequilibrio al relacionarnos, y lo mejor de todo, que  podemos aportar estabilidad y equilibrio  a nuestras  relaciones, dedicando ese  tiempo a  compartir, a comunicar y a tener en cuentas esas distinciones, que dan solidez y equilibrio a  nuestras relaciones.

Vamos a dedicamos un tiempo, para  tomar conciencia sobre las anteriores distinciones en las relaciones. Vamos a tener  presente  la distintas  formas de relacionarnos,  ya sea una “relación incondicional” que se da entre padres e hijos, ya sea una “relación condicional” que ha de darse en la relación de  pareja. Tener claridad, sin crear confusiones entre unas relaciones  y otras. Felices relaciones !!

Sara Cobos

Coach Profesional y de Familia